Niños alados que caen

el
#EmancipaciónVincular

El enamoramiento es una reminiscencia de aquella etapa oceánica y liminar en la que nuestro trémulo flotar era el único requisito para la saciedad; no en balde la personificación divina del amor es un niño alado.

Como los niños en la tibia entraña materna, así se acurrucan los amantes en sus brazos, albergando la esperanza de bastar en su relajada suspensión por entre ellos mismos.

¡Vivir de un cuerpo!, esa es la apuesta del enamorado, nostalgia de un edén uterino que se fagocita tierna y legalmente al otro, lo vampiriza, lo canibaliza y jura que ha sido hecho para él por parecerle simétricos sus bocados a su mordida.

Luego, el cuerpo-ofrenda del amante se cansa, se agota y nos arroja, nos escupe; se cura de nosotros y el choque abrupto con la exterioridad que aguarda fuera de ese edén nos hace respirar, a través del llanto, la nueva atmósfera de nuestro estar: no más trémulo flotar para bastar, si quieres vivir de un cuerpo lo tendrás que matar, si quieres alimentar a otro con tu cuerpo, te tendrás que entregar; así, sin jueces ni culpables; sólo dos que se juegan libremente el todo, lamentablemente en la parte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *