PANDEMOS

 

La agresividad de tu sexo reposa sobre la matinal ternura de tu tez,

como una gatita blanca que duerme después de haber devorado a la paloma.

Blanca, escrupulosamente blanca,  ni siquiera me recuerdas el barniz cobrizo de tu piel sudada;  ahora apenas eres un bocado de mármol, inmaculada, libre de las rojas vetas de mis dientes y de mis palmas.

 

Tumbada en la cama me recuerdas la esbelta cornisa espumada de la ola a la que azota en la arena el mar.

 

Ahora duermes hecha jirones, vejada como reliquia de monasterio,

envuelto en la dignidad blanca de tu silencio el misterio,

tonada de luna, rumor del tiempo…

 

Como cristalino lago, de nuevo me retas con tus muslos relajados a enturbiar tus aguas, a tocar tu fondo, a esgrimirte a nado.

¡Poco importa si es el caso!

igual volverás a tu remanso de estanque, infatigable, blanca, inagotable, esclerótica, recuperada, puta;

 

alma Venus, Venus vincetor,  Venus matronae, Venus verticordia, Venus volgivaga, Venus calipigia, Venus fortuna virilis ¡Venus mea!

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