Alegoría onírica de un «news feed»

 

Me soñé entre una muchedumbre de personas que presenciaban un concurso de enanos, no sé cómo ni por qué,  donde un honorable jurado de enanos otorgaba los más puntos posibles a aquellos otros enanos que gritaran más fuerte “¡soy un gigante!”. De eso iba el sueño: los enanos pegando de gritos “¡soy un gigante!, ¡soy un gigante!” y nosotros, la muchedumbre, aplaudiendo emocionados. De repente, como en todo sueño, el espectáculo terminaba abruptamente y como posicionado en un ángulo imposible para cualquier ojo durante la vigilia, veía salir, por la puerta trasera del estudio en el que se transmitió el concurso, a todos los enanos, no sólo a los altisonantes “gigantes”, sino a los camarógrafos, los maquillistas, los stage, los de catering… ¡Era una producción de enanos! Sólo hasta ese momento en que pude ver a los enanos del concurso junto a los otros enanos de producción (que no había podido ver durante el concurso), me percaté que mientras aplaudía emocionado junto con la muchedumbre conmovida, algo de mi forma de ver comenzaba a percibir gigantescos a los enanos, ¡como si de verdad crecieran tras cada grito!, y caía en cuenta que ellos también se sentían crecer; lo notaba en la altivez que ganaban tras cada grito atronador y tras recibir cada punto de los jueces. Pero después, vistos en tropel, apelmazados hombro a hombro los unos con los otros,  me percaté que esos, los participantes del concurso “Enanos-gigantes” (así se llamaba el programa), no eran más que enanos, enanos tan enanos como los otros enanos; pero estos, a diferencia de los discretos camarógrafos, maquillistas y stage, no sólo eran enanos sino ingenuos.

 

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