Gestión de prácticas digitales

Un ejersicio para la preservación de la libertad, la identidad y la salud mental.

#VirusIdeológicos

En la primera temporada de Los arrojados, colgamos un episodio donde problematizábamos el uso y relevancia de la «sección de comentarios» en las publicaciones de investigación o divulgación filosófica, periodística y científica. Ahí, cuestionábamos la vocación de este espacio como lugar de diálogo para las ideas debido a que, pese a su aparente apertura incluyente, estructuralmente pertenece a un diseño de programación específico y orientado a lograr fines bastante ajenos al desarrollo del pensamiento; estos fines, que ya han venido señalado autores como Neil Postman[1] o más recientemente Byung-Chul Han[2], y que no son otros que los de habilitar clientes y productos para el consumo, comprometen todo flujo reflexivo, no como lo hicieron los medios en otros tiempos, a través de estrategias coercitivas como la censura y el silenciamiento, sino a través de otra estrategia un tanto más sutil; yo, de manera muy particular, les llamo «estrategias de banalización»: banalización a base de repetición, de irrelevancia, de emotividad reactiva, de sobre estimulación… ante estos mecanismos banalizantes, todo acto de expresión se torna sin significado, hasta ser reducido a su mínima expresión: «data», portento alquímico-digital en el que la decantación cualitativa del significado da pie a esa costosísima partícula cuantitativa llamada data.

De manera personal, es por lo anterior que suelo deshabilitar la sección de comentarios en algunas de mis redes de trabajo y divulgación filosófica, promoviendo, a cambio, el contacto vía in box, que me parece mucho más adecuado para el dialogo, o al menos más que el distante y descomprometido “coment”. Algo parecido me pasa con los trending topics: quienes me leen, saben que una temática asidua sobre la que publico es la crítica cultural, tarea para la que los trending topics y memes resultan lo que un tejido a un biólogo o a un forense; sin embargo, contrario a todas las recomendaciones de posicionamiento de contenido, no disfruto de publicar mis reflexiones de manera coetánea a la vigencia del trending debido a que su misma etapa de efervescencia mediática sobreexpone los comentarios a una banalización casi inmediata; de esto es indicativo el meme que hace burla de los “especialistas de ocasión”.

Pero el tema aquí, no es propiamente hablarles de mis prácticas de interacción con las herramientas digitales, sino subrayar que, sean las que fueren, es indispensable que como usuarios capturados (pues es la manera más precisa de calificar nuestro estatus respecto al sistema dominante) en una estructura socio digital específica, desarrollemos prácticas, estrategias y negociaciones con dicha estructura, no ya para monetizar (que eso la estructura ya lo controla e impone), sino para salvaguardad la libertad, la salud mental y la identidad.

No han sido pocos quienes, ante las problemática planteadas por el uso de redes sociales, han sugerido desterrarnos de ellas; desde los llamado «desconectados» (tribu urbana que comparte la práctica de la desconexión de redes sociales, y a veces hasta de internet, como rasgo identitario[3]), pasando por las denominadas «escuelas Waldorf» ( que prohíben el uso de varias de las nuevas tecnologías a sus alumnos como parte de su sistema educativo) y hasta lumbreras de Silicon Valley como el pionero de la realidad virtual y ex empleado de Microsoft Jaron Lanier, quien desde ya casi una década lleva insistiendo que abandonemos las redes sociales[4]. Incluso aún está disponible en Netflix[5] un documental donde el mismo Jaron Lanier, Tristan Harris, ex jefe de producto y diseñador ético y filosófico en Google, Guillaume Chaslot, exingeniero de Google y fundador de Algotransparency.org (les recomiendo leer su manifiesto), entre otras tantas mentes vinculadas y corresponsables de ese ecosistema de “start-ups” que terminaron conquistando el mercado global, hablan sobre los riesgos del uso de la redes sociales y sugieren, en más de una ocasión, abandonarlas.

Sin embargo, la postura de abandonar las redes sociales se me ofrece un tanto pretenciosa, no ya por carecer de razones, sino de condiciones. La captura digital del funcionamiento del mercado y las comunicaciones en general hace que esta pretensión se aproxime cada vez más a una suerte de apuesta por el “ostracismo”, en cuanto puede complicar el desarrollo de algunas actividades en el ámbito sociocultural actual. A lo que me refiero: desconectarse me parecería una sana y deseable práctica, pero pienso que hacerla actualmente ya no es sólo un ejercicio de desprendimiento, sino también un verdadero replanteamiento conceptual de las posibilidades de realización y vinculación en nuestra vida cotidiana; esto porque los actuales factores de poder global y las generaciones más activas y productivas de nuestro tiempo son nativas digitales.

Por lo anterior, yo prefiero entender este problema bajo el signo de la «negociación»: gestionar nuestros propios microespacios de resistencia al interior de las estructuras de poder (digitales o no), sin por ello comprometer en su totalidad la funcionalidad y servicio que nos brindan.

Ahora bien, no perder de vista que, contrario a lo que se llegó a opinar hace tiempo, las redes socio digitales no son propiamente una herramienta, o al menos no sólo una herramienta; es decir que no son moralmente indiferentes pues, a diferencia de un martillo que verdaderamente es fabricado para ser un herramental con el que después una persona furibunda puede agredir a alguien, las redes sociales sí están deliberadamente diseñadas para modificar la conducta y mantener cautiva la atención de los usuarios en favor de poderes económicos específicos. Por ello, aunque beneficiarnos de estas redes es un objetivo no sólo conveniente, sino deseable, ya no podemos hacerlo con la ingenuidad de las primeras generaciones de usuarios; es indispensable reapropiarnos el uso de algunos recursos y funciones de las plataformas, curar nuestras redes, controlar las notificaciones, usar apps para la gestión de nuestras redes sociales, trabajar para disminuir el poder del like y el follow en nosotros … definitivamente pueden ser muchas las formas de practicar esta gestión de micro resistencias en los espacios socio digitales, y seguramente estaré escribiendo al respecto en futuros post; pero de momento, lo que aquí tocó fue señalar la relevancia de la gestión de nuestras prácticas digitales en favor de la libertad, nuestra propia identidad, salud mental y nuestro tiempo.

 

 

 

[1] Dejo link al libro de Neil Postman que me parece más relevante a este respecto: https://drive.google.com/file/d/1dNmIIo-g_uo8tHoj4UNIb_tzwF6QRFTm/view?usp=sharing

[2] Dejo link al libro más puntual que ha publicado el filósofo surcoreano al respecto del tema: https://drive.google.com/file/d/1Pez5W5gffCSB1o_M4og29neEIUz9JryW/view?usp=sharing

[3] Cfr. https://www.elmundo.es/sociedad/2016/10/29/58138ac5e5fdea3f578b4583.html

[4] Dejo acá la liga a la edición digital del libro “Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato”, físicamente impreso en editorial Debate: http://catedradatos.com.ar/media/Lanier-Jaron-Diez-razones-para-borrar-tus-redes-sociales-de-inmediato-XcUiDi-2018.pdf

[5] Dejo liga al documental de Netflix: https://www.netflix.com/title/81254224

 

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