Érase una vez en un lugar “Muy, muy lejano…” o sobre el clasismo en la pandemia

 

Uno de los brotes virales de tipo ideológicos más evidentes en esta pandemia ha sido el del «clasismo mexicano» que en memes como, por ejemplo, el de la “familia de Shrek”, han dejado ver no sólo la normalización de la «episteme clasista» en la mente del mexicano, sino la funcionalidad de uno de los mecanismos de normalización más efectivos y recurrentes en el discurso cotidiano: «el humor».

Si bien, como han insistido actualmente Slavoj Žižek o Ignatius Farray, y ya muy antes nuestro Ibargüengoitia y nuestro Monsiváis, el humor puede ser un género de la inteligencia crítica, pero también puede ser un eficaz aparato legitimador y normalizador de las ideologías, algo así como la saliva al SARS-CoV-2, pero en este caso para los  virus ideológicos. Perspicaz como es, pienso que el feminismo ha mostrado muchas precauciones, y hasta hostilidad, con varias de las licencias que expide el humor porque conoce bien sus excesos.

Regresando al meme clasista de la “familia de Shrek

pienso que lo gracioso no es la evidente gratuidad de la afirmación que los personajes predican (“El COVID es mentira”), sino la inmediata correspondencia que se atestigua entre esta ingenua gratuidad (a la que llamaría, sin más, “ignorancia”) y los estereotipos de clase que ilustra el meme. Como celebrando la simetría económico-moral que constituye al clasismo, la risa y el like confirman (lo sepa o no el que postea el meme) el “obvio” magnetismo entre las «afirmaciones igonarantes» y «los ignorantes mismos» (que sabemos que son tales por su estereotipo de clase y ya no tanto por lo que dicen), expidiendo ventajosamente la licencia para la carcajada en el hecho incuestionado de que el código postal de la familia de Schrek marca su domicilio en  “Muy, Muy lejano…” y no en la misma cuadra de uno, o en su calle, o en su propia casa, ¡o en su espejo!, conveniente terapéutica que hace del disimulo una herramienta que recuerda aquello que decía Horacio:

Manipulación digital del Democritus de Johannes Moreelse. Por Oswald Nava  [4];

situación que ya descarta toda posibilidad de ironía, haciendo del meme un ejemplo de humor marginante.

Sin embargo cabe preguntar ¿realmente estará tan lejos “Muy, muy lejano”?… quizá no más lejos que “Las Águilas”, extremo opuesto del tren del mame donde el chiste clasista cambia de personajes, pero no de objeto:

Fiesta COVID en las Águilas
Tomado de Facebook (escucha el audio aquí)

Aquí los estereotipos de clase apuntan, no al marginal de barrio popular y zona conurbada, sino al citadino enclasado del sur de la CDMX, aunque no sin un cierto dejo revanchista que parece celebrar, no el magnetismo entre los enunciados ignorantes y los ignorantes mismos (que vimos en el meme anterior), sino la confirmación de que “los que más tienen” ¡también ignoran!, aunque a su manera(a estas alturas del trauma de clase, la «inteligencia» también parece ser un bien patrimonial). Esta “sorpresa”, que dicha desde el lugar adecuado bien puede prestarse a ironía, sigue manteniendo activa el alma del humor clasista en sus recursos para distinguir las dos ignorancias (la marginal popular  y la fifi enclasada) que, entre patrones fisonómicos ideologizados como la complexión (chubby v.s fitness) o el color de piel (prietxican v.s whitexican), terminan suscribiendo el problema de la ignorancia y el dogmatismo no a la dimensión intelectual ni de responsabilidad personal que le compete, sino a al relato marginante que termina por  debilitar el «sistema inmune del huésped» (que para el caso es la capacidad crítica de cada uno) al grado de hacerle vulnerable a otros virus ideológicos no menos peligrosos, por ejemplo: «el racismo».

 

Raptados ya de nuestra experiencia por el virus ideológico, nuestra cotidianidad comienza a cumplirse como síntoma: un día le demos me enjaja a este tipo de contenidos, otro nos apropiamos la muerte de un afroamericano, al poco nos incomodamos con nuestros rasgos indígenas denunciados por el espejo y nos aferramos a las más mínimas migajas de ADN del gen «austriacoespañol» que sobrevive en el único pelo güero de nuestro bigote, pero el 15 de septiembre nos vestimos de charro; así opera el virus ideológico: hipersensibilizando la indignación y el olfato del trending topic, pero inhibiendo toda capacidad real de compromiso con nuestra experiencia.

 

[4] Sátiras I, 1, 69.  «¿De qué ríes?, si cambias de nombre la historia habla de ti.»

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